En lo que a póker se refiere hay que intentar no malinterpretar el juego de los oponentes porque te has desilusionado o estás enfadado. Hay una fuerte tendencia a pensar que alguien que te ha echado de un juego es el peor jugador del mundo. Puede que sí y puede que no. Pero no dejes que tu recuerdo de esa mano te haga perder el control de la interpretación de ese juego en el futuro.

La memoria es fugaz y efímera por lo que la información que permanece en tu cabeza está muy lejos de ser lo que de verdad sucedió. Recordamos lo que nos interesa y en muchas ocasiones tergiversamos lo ocurrido para adecuarlo a los intereses del presente y presentar una versión más favorable de cara al futuro.

En el póker no puedes fiarte de los recuerdos en los que tú mismo te has autoconvencido de lo bien que jugaste aquella mano, de que parecías un jugador profesional de Las Vegas o de que tu victoria fue épica.

Algunos de los “cuentos” que te cuentas sobre ti mismo pueden ser verdad, pero puede que no lo sean. Por ello intenta ser lo más honesto posible contigo mismo y continúa archivando cuanta información sea posible.

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